lunes, 20 de septiembre de 2010

Tomografía

Quieta, tendida debajo tuyo, me fotografias en mil imágenes internas. Me recortas en pedacitos. Me infiltran tus rayos por cada célula que te presto.
Inspiro profundamente, contengo el aire, hago caso exacto a todas tus indicaciones. Y un segundo antes de desmayarme, me permitís respirar nuevamente. Durante este autoatentado te sacias de mis espacios y me pedís que lo repita nuevamente, y yo lo repito, obedeciendo de forma deliberada a tus mandatos técnicos e hipóxicos.
A continuación, el blanco túnel se cierra en torno a mí y estoy más sola que nunca. No pienso en la frialdad del lecho, ni en mi desnudez debajo de las ropas con las que me cubriste. Solo pienso en la parte que de mí estas tomando y en si, acaso, aprendés algo de mis profundidades que yo ignoro por completo y oculto con una inconciencia cándida, entre mis vitales elementos.
Terminada la sesión, coleccionas mis estampas en papeles oscuros como carbón; y no me reconozco en las imágenes que de mí has tomado. La materialidad escapa a la definición de “ser”, y en esas estructuras no habita la mujer que me ocupa a diario.
Rozando el cenit del acto que nos ocupa, tu veredicto se acerca. La ansiedad aparece a la hora del apogeo. Y en segundos interminables como eras solares, mientras tolero el profundo dolor que me desgarra, me decís con voz hueca y con una sencillez intolerablemente simple: “Señorita, la tomografía no mostró nada…”

1 comentario:

  1. Me parecio genial! creo que jamás se describió una tomografía de la manera que vos lo hiciste!

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